Por una noche, Miami dejará de ser Miami dentro de la NBA y adoptará el nombre de su versión ficticia. Los Heat competirán como Vice City en una colaboración oficial con Rockstar Games que trasladará la identidad visual de GTA VI al baloncesto profesional, aprovechando la relación entre la ciudad real y el escenario sobre el que se ha construido el videojuego.
La iniciativa se presentará bajo el nombre A Night in Vice City y transformará el Kaseya Center para el encuentro contra Milwaukee Bucks. El cambio principal estará en la superficie de juego, creada exclusivamente para esa fecha con palmeras, tonos rosados y azules, estrellas y una reinterpretación del logotipo del equipo alrededor del nombre Vice City.

Los jugadores también estrenarán un uniforme diseñado para la ocasión, aunque su apariencia completa todavía no ha sido revelada. La campaña inicial solo mostró la silueta de la camiseta y confirmó que no será una reutilización de las anteriores colecciones Vice del equipo, sino una propuesta desarrollada específicamente para acompañar el lanzamiento.
La experiencia continuará fuera de la cancha mediante actividades dentro del estadio, una colección de ropa y otras intervenciones que el equipo anunciará progresivamente. Algunas comenzarán desde la jornada inaugural de la temporada, mientras las acciones principales se concentrarán durante el partido del 18 de noviembre.

La elección de Miami Heat resulta coherente con una franquicia que lleva años utilizando colores, tipografías y referencias asociadas a la cultura nocturna de la ciudad. GTA VI parte de códigos visuales similares para construir Vice City, por lo que el acuerdo conecta dos identidades que ya compartían un mismo imaginario antes de convertirse en una campaña conjunta.
Más que insertar publicidad de un videojuego durante una transmisión deportiva, la colaboración busca convertir un partido en una extensión temporal de su universo. Si la experiencia logra integrar cancha, uniforme, público y programación sin quedarse en una decoración superficial, marcará un precedente sobre cómo las propiedades de videojuegos pueden ocupar espacios culturales masivos sin perder la identidad que las hace reconocibles.